Entrevista a César Bolaño
César Ricardo Siqueira Bolaño, actual presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Comunicación (ALAIC) , fundador de la red de Economía Política de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (EPTIC), explicó los esfuerzos que confluyen en este congreso para relacionar lo nuevo y lo viejo en el campo del pensamiento crítico en el continente.
¿Cómo surge ALAIC?
ALAIC surge en los años 70 como iniciativa de un grupo de intelectuales latinoamericanos que están en el proceso de discusión de la NOMIC (Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación) y de los temas que movilizaron al campo de la comunicación en esos años.
¿Qué objetivos se planteó ALAIC para este año?
Desde el momento en que asumimos la coordinación, nuestra preocupación es ver crecer a ALAIC en una perspectiva de recuperación del pensamiento crítico latinoamericano en comunicación y en ciencias sociales en general.
Este año el congreso fue organizado precisamente de la forma en que nosotros imaginamos. Uno de los objetivos planteados es, básicamente, establecer una relación entre los viejo autores del pensamiento latinoamericano y la nueva generación. Hay mucha gente joven que está produciendo, mucha gente que se incorporó a los grupos. Nosotros hemos promovido una reforma de los grupos importante con más coordinaciones, con más gente nueva. Establecer este diálogo generacional a nivel del pensamiento latinoamericano para construir el futuro del pensamiento latinoamericano dentro de un marco interno. En ese sentido también estamos avanzando en una relación con ALAS (Asociación Latinoamericana de Ciencias Sociales).
¿Cuál fue el motivo de elegir a Montevideo como sede del XI Congreso?
Aquí tenemos un socio histórico que es Gabriel Kaplún, que está totalmente involucrado en nuestro proyecto y comparte completamente la idea. Ha sido una felicidad que Gabriel estuviera en condiciones y se propusiera organizar el evento; es como si lo estuviéramos organizando nosotros. Fue una suerte. Además Uruguay es un país pequeño pero tiene tradición: Kaplún, Roque Faraone. Es parte importante de la historia de la comunicación latinoamericana, al igual que otros países.
¿Cuál fue el criterio de selección de los tres ejes que rondan el Congreso?
Fue decidido en una reunión con Gabriel y el criterio fue pensar la comunicación como un cruce... La comunicación es una ciencia, si se puede decir así, muy nueva, del siglo XX y eso puede ser una fuerza también porque se establece como algo muy interdisciplinario. Si piensas hoy que el conjunto de la ciencias sociales debe abrirse -la tendencia de la constitución de los grupos interdisciplinarios y principalmente la necesidad de trabajar sobre temas concretos de la realidad- creo que la comunicación tiene un papel importante en todo esto.
La idea de este Congreso y de las mesas, es pensar la interdisciplinariedad y la posición de la comunicación en el centro, no solo con las ciencias sociales: con la tecnología, con las artes. Hay una inserción de la comunicación que hay que recuperar como la fuerza de la comunicación y dentro de la comunicación la fuerza del pensamiento latinoamericano.
¿Qué lo llevó a relacionar el ámbito de la comunicación con la economía política?
Trabajo con la economía política de la comunicación desde los años 80. En Brasil fui el primero.
En la economía hay que separar la economía política de la economía tout coeur. Lo que hacemos es la crítica de la economía política del siglo XIX. Hoy se dice economía política simplemente, pero es una parte del pensamiento crítico y una parte del mismo que no se limita a lo que se entiende por economía, sino que es muy transdisciplinario, se leen autores de economía política, de ciencias sociales y en ese ámbito estamos. Analizar la comunicación a partir de esa mirada y mezclar la literatura de la economía política con la comunicación va justamente en la perspectiva del pensamiento crítico y de entender la crítica de la realidad y la crítica del pensamiento sobre la realidad. Esa es un poco la idea de la economía política de la comunicación tal como la hacemos en Brasil y América Latina.
A su entender ¿qué canales de retroalimentación encuentra en la actualidad entre la economía y la comunicación?
La comunicación es parte de la economía y la economía es una estructura de poder. Yo no entiendo la economía como economía puramente, la economía depende mucho de la posición desde la cual se analiza. De hecho hay una creciente penetración de la forma de mercancía en todos los ámbitos de la vida. El problema es que el capitalismo acaba por dominar todas las formas de producción humana y de relación social. La contradicción del sistema no es solo la contradicción capital-trabajo. Junto con ella está la contradicción economía-cultura, como la necesidad y el intercambio, el uso y el intercambio. Ahí hay un problema. Hay una base de la economía sobre la cultura y nosotros debemos pensar en construir formas de “buena vida”, de relación social y de solidaridad que no pasen por relaciones de mercado, creo que ese es el punto que hay que discutir. Eso es lo fundamental.
¿Qué opinión le merece el desarrollo de las TIC en Brasil y en la región, y cómo influye este factor en los medios de comunicación?
Esa es una cuestión para largo rato, porque son diferentes temas ahí involucrados. Uno es el avance de las TIC en el mundo del trabajo y en el mundo de la vida, eso es general. Esto crea un problema. Está relacionado con el tema de la mercantilización en general y del control del trabajo, eso pasa en todo el mundo. Es una nueva estructura social que se está construyendo. Se puede decir que hay un nuevo modo de regulación del capitalismo, en lenguaje de la escuela francesa de regulación.
Hay otro problema, en el caso del llamado tercer mundo, que es el tema de la exclusión digital. Además, como se dice, solo hay una cosa peor que ser explotado y es no ser explotado. Hay una gran parte que no puede ni siquiera participar de eso. Además, las formas de resistencia también pasan mucho por dominar esa tecnología y ahí hay un segundo problema y ese segundo problema se está enfrentando en América Latina a través de proyectos de universalización de la banda ancha, la alfabetización digital y ese es otro punto que tendríamos que tener más tiempo para analizar.
¿Usted no coincide en que generar el acceso a Internet sea una forma de democratizar?
No sé. Yo ando estudiando ese tema, tal vez sí. Hay un problema: no toda la gente tiene acceso. Internet es básicamente una forma de control social, que se constituyó de esa forma. Pero es una forma muy seductora, la gente entra porque quiere y juega y se relaciona y le parece bien. Es una forma de control. Ahí hay una contradicción, puede que sea una forma de democratización, puede ser una forma de cambio social, pero no lo es en principio. Porque no es la tecnología la que determina esa posibilidad. Para que sea efectivamente un instrumento de democracia y de cambio social es necesario que sea cambiada, que la gente no solo la utilice, sino que la transforme según sus intereses. Por ejemplo, una red social. ¿Es bueno una red social? Yo, las que veo, digo que no. ¿Es bueno el Facebook? Yo creo que debería haber otras formas de organización de redes que no pasaran por la forma del control y la forma de mercancía en la que se ha establecido. Estamos en la misma situación de antes de Internet. Antes de Internet había lucha de clase y ahora sigue habiendo lucha de clases incluso en la red.

